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LOS MASC: LA INCORPORACIÓN DE LAS TICS A PROCESOS JUDICIALES.

Erick Armando Pérez Venegas

La importancia de incrementar las nuevas tecnologías, es un recurso ya consolidado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos1, en su artículo 6, con lo cual se fortalece una conducción hacia un Estado autonómico electrónico y el uso bien reglamentado de las tecnologías de la información (TICS).

México ha suscrito 132 tratados bilaterales y multilaterales que se encuentran vigentes en materia de ciencia y tecnología, propiedad intelectual, energía nuclear, metrología, así como acuerdos de cooperación técnica y científica2.

El progreso científico y tecnológico son unos de los factores más importantes en el desarrollo de la sociedad humana3, reconocidos en la Declaración sobre utilización del progreso científico y tecnológico en interés de la paz y en beneficio de la humanidad. La cual promueve la cooperación internacional, con objeto de garantizar el progreso científico y tecnológico en pro del fortalecimiento de la paz y la seguridad internacionales.

Por tanto, la revolución informática que se ha experimentado en los últimos 30 años, no ha sido ajeno al Derecho Internacional Privado (DIPR) y al nuevo mundo informático que debe adaptarse a la realidad que se desarrolla.

Diversas instituciones jurídicas han tenido que adaptarse a estas nuevas tendencias, así como los tribunales en todo el mundo debieron actualizar su legislación y jurisprudencia para responder a las exigencias de los tiempos modernos.

Cuando el derecho es disponible, se pueden resolver controversias por medio de la jurisdicción y los sistemas alternativos de resolución de conflictos: negociación, conciliación, mediación y arbitraje.

El acceso a la justicia está evolucionando drásticamente poniendo en evidencia el uso y la capacidad de las TICS para satisfacer una gran parte de la demanda social de justicia y un efectivo ejercicio del derecho de acceso a la información4.

Nos encontramos inmersos en una sociedad que llega a calificarse como de la información y co- municación, esta nueva situación tecnológica requiere de análisis en su particular forma de regla- mentación de las situaciones privadas internacionales y del DIPR.

Para enfrentar este nuevo fenómeno se debe tomar en cuenta las respuestas legislativas existentes, y las TICS deben ser tomadas en cuenta para la resolución de conflictos ante los tribunales y desde luego en los MASC, también se pueden crear sedes judiciales y extrajudiciales especializadas en las nuevas tecnologías.

El papel de las TICS en los sistemas de resolución extrajudicial de conflictos, implican necesidades que impulsan a las instituciones a modernizarse, en cuanto al uso de herramientas tecnológicas de la información y comunicación para facilitar la posibilidad de resolución de los conflictos, mejorar el acceso a la justicia y más aún en tiempos de crisis.

El impacto de las TICS ha hecho que en sede de mediación los conflictos puedan resolverse valiéndose de diversos tipos de dispositivos electrónicos, por lo cual también se considera se podría aplicar al arbitraje.

La mediación electrónica es el instrumento de resolución extrajudicial de conflictos que se caracteriza por el uso de las nuevas tecnologías, de manera que todas o algunas sesiones puedan llevarse de manera virtual a través de procedimientos electrónicos.

Al igual que la mediación electrónica se considera que se podría aplicar el uso de las nuevas tecnologías, en todas o algunas sesiones para que puedan llevarse de manera virtual a través de procedimientos electrónicos, en el arbitraje.

Un ejemplo sobre instrumentos internacionales relacionados al uso de las nuevas tecnologías es el Convenio Iberoamericano sobre el uso de la Videoconferencia en la Cooperación Internacional, entre sistemas de justicia, y su Protocolo Adicional relacionado con los Costos, Régimen Lingüístico y Remisión de Solicitudes5.

Otro ejemplo sería la versión provisional del Convenio de la Haya sobre obtención de pruebas mediante enlace de video, elaborado por la Oficina Permanente, el 6 de diciembre del 2008, a la atención de la Comisión Especial sobre el funcionamiento práctico de los Convenios de la Haya sobre Apostilla, Notificación, Obtención de Pruebas y Acceso a la Justicia.

EL INICIO DE LOS SEMINARIOS DE DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO Y UN ANECDOTARIO

 

Leonel Pereznieto Castro1 Jorge Alberto Silva2

Durante 43 años en forma ininterrumpida la Academia Mexicana de Derecho Internacional Privado ha realizado un seminario nacional sobre la disciplina. Ninguna otra agrupación o academia de derecho mexicano ha realizado esta actividad, de tan larga duración y preferentemente en cada ocasión, en diversas universidades o poderes judiciales del interior de la República. Se ha cumplido en gran medida con el objetivo propuesto de difusión del DIPR en todo el país.

Los esfuerzos han sido fructíferos, no solo se ha producido doctrina, tan necesaria para un país como México con apenas 32 años de salir de un territorialismo absoluto y, además, el Seminario ha logrado provocar cambios en la legislación de fuente interna e incorporar tratados internacionales. El cuerpo legislativo y convencional internacional que se aplica en México es producto exclusivamente de un gran esfuerzo llevado a cabo desde el interior de la Academia Mexicana de Derecho Internacional Privado y Comparado y del Seminario Nacional.

Lo que presentamos en este artículo no está referido a la actividad propiamente científica o académica (contenidos de las tesis desarrolladas durante los seminarios), sino a una serie de datos o referencias, de tipo anecdótico, relacionadas con los inicios de los seminarios impulsados por la Academia con el objeto de que las nuevas generaciones conozcan por qué y cómo surgieron y se vinieron organizando los seminarios y la razón que hayan durado tanto. Por supuesto, siempre con la esperanza de que las jóvenes generaciones continúen con esta obra.

Con frecuencia, y desde hace años, quienes participamos en los seminarios recordamos algunas anécdotas ocurridas y decimos “vamos a escribir esas anécdotas”, pero ocurre que no lo hacemos. Por ello, el punto central gira en torno a parte del nacimiento de la Academia, punto que corre a cargo del Profesor Pereznieto y el Profesor Silva se encargará de narrar algunas anécdotas suscitadas durante los seminarios. A este efecto, cada uno de ambos, presentamos el apartado que con- venimos y que explicamos en forma separada. Aunque, como es natural, algunos detalles se van a entrecruzar.

I.   NOTAS A CARGO DE LEONEL PEREZNIETO CASTRO

En 1976 publiqué en el Instituto de Investigaciones jurídicas de la UNAM mi primer libro de DIPR “Derecho Internacional Privado, Notas sobre el principio territorialista y el sistema de conflictos en el derecho mexicano”. Fue la traducción al español de la tesis que había sostenido un año antes en la Universidad de París. II, Al poco tiempo fui informado que había sido expulsado del colegio de profesores de derecho internacional privado de la facultad de derecho de la UNAM en donde había comenzado a dar clase a mi regreso de Europa. Se trató de un movimiento espurio en mi contra encabezado por el Prof. Carlos Arellano García. La razón fue que yo había publicado una obra según palabras de este último profesor “verdaderamente escandalosa” porque criticaba a fondo al régimen mexicano de territorialismo absoluto que prevalecía hasta aquel entonces y el profesor Arellano y su cohorte, afirmaban, que mi critica había sido totalmente contraria a un régimen de defensa de la soberanía mexicana. Vi con mucha tristeza que poco o nada podía hacer por la difusión del DIPR que era lo que más me interesaba, en un afán de cambiar el sistema, frente a un grupo de gente con conocimientos tan atrasados y dogmáticos. Pero no todo era desaliento, ese mismo año conocí a dos profesores de la Escuela Libre de Derecho con quienes de inmediato establecí una liga muy estrecha y más tarde me unió una gran amistad: los profesores, Fernando Vázquez Pando y Laura Trigueros Gaissman, así como un profesor más, de la Universidad Pan- americana, el Prof. Walter Fritch, austriaco, con muy buenas ideas sobre la materia, con quien también me unió una gran amistad hasta su muerte. Invité a los profesores antes mencionados a participar en el seminario que estaba organizando y lo hicieron con mucho gusto.

En esos años yo era investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM donde había logrado que contrataran en el Instituto a un profesor francés Claude Belair Mouchel que había venido a vivir a México por matrimonio con mexicana y a quien entusiasmé en el estudio del DIPR y con su ayuda tuve la oportunidad de organizar en ese mismo año de 1976, el Primer Seminario Nacional de Derecho Internacional Privado que se constituyó en una buena alternativa para difundir al DIPR.

Pensé que lo más conveniente sería llevar a cabo un acontecimiento verdaderamente interna- cional para que no quedara duda alguna sobre la universalidad del DIPR, e invité a dos queridos amigos, ambas figuras de primera línea en el mundo en la materia. Al profesor Friedrich Juenger de la Universidad de California y en el momento, una de las estrellas del DIPR en Estados Unidos y al Prof. Juergen Samtleben del Instituto Max Planck de DIPR de Hamburgo, que había sido el otro profesor que había trabajado sobre el tema del territorialismo en América Latina. También invité al Prof. José Luís Siqueiros Prieto, profesor de la UNAM y abogado prestigiado en México a quién había conocido el año anterior que fue de los pocos juristas mexicanos que entendían la importancia del DIPR.

El seminario (1976) se llevó a cabo en el auditorio de la Coordinación de Humanidades de la UNAM. Hubo poca asistencia, pocos profesores, pero lo importante es que había podido demostrar que estábamos frente a una materia necesaria en la vida internacional y que nada valía que ese grupúsculo intolerante se opusiera a estas ideas, sino que faltaron a uno de los principios de la UNAM que es la libertad de cátedra, pero ese grave incidente aunque me lastimó ya había pasado y porque con un seminario tan importante yo sentía que estaba ya en franco camino en la ruta de difusión del DIPR, que me había trazado.

Con la experiencia del primer seminario, resultó menos difícil organizar el segundo (1977), en el mismo lugar, el auditorio de la Coordinación de Humanidades. En esta ocasión conté, además, con el apoyo del entonces Instituto Mexicano de Derecho Internacional Privado dirigido por el Profesor Siqueiros y, en esta ocasión, las cosas se facilitaron porque había sido nombrado Coordinador de Humanidades por el Rector Guillermo Soberón, Conté para esa ocasión con la valiosa ayuda de la Dra. Mario Elena Mancilla y Mejía, que acababa de concluir su doctorado en derecho penal y que se había incorporado a trabajar conmigo, en la secretaría particular de la Coordinación. Debo mencionar a dos asistentes mías que me ayudaron mucho en aquella época, tanto en el primero como en el segundo seminarios, Rosa María Robledo y Eva del Carmen Palomares, esta última casó, más tarde, con el profesor Julio Trevés y se quedó a vivir en Italia.

Con objeto de la repercusión tan favorable que había tenido el primer seminario en el medio académico internacional sobre la materia, invité, para el segundo, a otras dos figuras de primeria línea mundial, al Prof. Henri Batiffol, primera figura del DIPR en el mundo y quien tuvo a bien dirigirme mi tesis de doctorado en París y al Prof. Fausto Pocar, Catedrático de DIPR en la Universidad de Milán, amigo cercano, director de la Rivista de Diritto Procesualle e de dirito internazionale privato y actual juez en la Corte Internacional de La Haya. A petición del Lic. José Luís Siqueiros no tuve ningún problema e invité al Prof. Carlos Arellano García. Se trataba de sumar y no de restar a pesar de su conducta tan ofensiva con mi persona. Suelo no guardar querellas sobre todo porque estaba en una tarea constructiva y el segundo seminario como era de esperarse, también salió bien y fue a partir de ese momento, que los aguerridos territorialistas que integraban el colegio de profesores de la Facultad de Derecho de la UNAM, empezaron a asistirlo cual me dio mucho gusto, porque con eso, la cortina de hielo, rápidamente se había derretido y podía tener acceso a un DIPR, moderno que, era mi objetivo. A quien conocí en este seminario y siempre estuvo con nosotros hasta su muerte fue al Prof. Víctor Carlos García Moreno, buen amigo y muy recor- dado por todos nosotros.

A medida que los seminarios se desarrollaban bien y que no quería dejar duda alguna que el DIPR era una disciplina en el mundo que todo país moderno debía desarrollar a través de sus universidades, el tercer seminario (1979), lo organicé en el mismo sitio e invité al Prof. Arthur Von Meheren de la Universidad de Harvard y Cambridge, figura señera en la materia, en Estados Unidos y aproveché para abrir al seminario a participantes mexicanos a quienes estuve animando desde el principio. Así estuvieron los Prof. Fernando Vázquez Pando y Laura Trigueros de la Escuela Libre de Derecho, que ya eran parte del grupo de organización del seminario, lo mismo que el Prof. Víctor Carlos García Moreno, de la Facultad de Derecho de la UNAM. Este grupo logró cambios sustantivos en el entonces Instituto de DIPR.: LO convertimos en Academia, logramos que, en vez de reunirse dos o tres veces por año, tuviéramos una comida mensual lo cual les dio mucho dinamismo y contenido a nuestras reuniones e invitamos a abogados y profesores quienes por di- versas circunstancias no habían accedido a participar en las labores de la Academia

El cuarto seminario (1980), ya con un grupo más grande de entusiastas colaboradores, se organizó nuevamente en el auditorio de la Coordinación de Humanidades. Recuerdo que empezaron a venir del interior de la republica profesores de la materia y entre ellos el Prof. Jorge Alberto Silva a quien conocí a través del Prof. Víctor Carlos García Moreno, quien se unió al grupo organizador. Para este seminario invité a dos profesores de renombre internacional en la época: François Rigaux, muy destacado profesor de la Universidad de Lovaina y al Prof. Eduardo Vitta, catedrático de la Universidad de Florencia, este último muy afable, un hombre mayor muy distinguido y serio y según se contaba en Europa, perteneciente a la nobleza italiana y me refiero a estas características porque en torno a él se sucedió una anécdota que tuvo un final muy divertido y que relataré más adelante. El profesor Rigaux había tenido que partir hacia los Estados Unidos a dar unas conferencias tan pronto terminó su participación en el seminario y se quedó en México un par de días más el Prof. Eduardo Vitta, un verdadero comentatore italiano, muy elegante a quien invitamos al festejo que ya organizábamos desde esa época para celebrar la conclusión del seminario.

Debo destacar que además de gustarnos el DIPR, también como buenos jóvenes, nos unía la parranda. Pues resulta que se le transmitió la invitación al Prof. Vitta quien se puso traje de gala, pero resulta que yo había dejado en manos de los profesores García Moreno y Vázquez Pando la organización del festejo como culminación del seminario – lo que ahora al final de cada seminario lo celebramos con una cena. Cuál fue nuestra sorpresa, que la celebración la organizaron en uno de los antros de aquella época en la ciudad de México, uno de los más famosos del momento, El Kong Kong, que estaba en la calle de Violeta a media cuadra del Teatro Blanquita que se encuentra en el actual Eje Lázaro Cárdenas, cerca de Garibaldi. El rumbo, era sórdido y la calle de Violeta era conocida en aquél entonces porque estaba llena de prostitutas y muchas de ellas pululaban por el antro, que era algo verdaderamente descomunal, debe haber sido la estructura de alguna fábrica que estuvo en el lugar, me lo sugirió el hecho de que no tenía prácticamente columnas, salvo las que se veía que sostenían cada enorme sección y donde el extendido techo cubría cinco pistas de baile en las que abría el espectáculo -que fue en el momento que llegaron- un grupo de 5 o 6 chicas, encueratrices muy bien dotadas, en cada pista, que con contorsiones y actos lésbicos bailaban al son de una música estruendosa que venía de una orquesta con no menos de 20 miembros, lo mismo tocaban danzón que al parecer era su espacialidad, chachachá, mambo o música ranchera. La impresión en un primer momento que me causó el llegar acompañado de tal personaje italiano, rápidamente se desvaneció cuando lo vi reír con mucha naturalidad.

Para el Quinto seminario (1981), estaba convencido que la oferta cultural en la ciudad de México era y sigue siendo muy grande y que si quería realmente difundir el seminario tenía que romper con mi mente centralista y hacerlo en alguna universidad de la provincia.

Con el temor natural de dar un paso fuera de la Ciudad de México, Víctor Carlos García Moreno me convenció que lo hiciéramos en la Universidad de Chihuahua en la misma capital del Estado y que él garantizaba que sería un éxito como lo fue, gracias al Prof. Fausto Ornelas, profesor de la materia en esa Universidad y organizador del evento y que con el tiempo se convirtió en querido amigo de todos nosotros y quien desafortunadamente murió hace unos años. Pues gracias a su férrea disciplina, la organización fue muy bien y se pudo contar y cumplir con el programa y el seminario fue un éxito. Siempre recordaré este evento que me hizo cambiar para continuar la organización del seminario en la provincia, Para este seminario pensé que lo mejor era que lo dedicáramos a la enseñanza del DIPR con el objeto de animar a los profesores de la materia en aquellas zonas del país. Los ponentes, todos fuimos nacionales y gustó mucho y como lo mencioné, fue todo un éxito al grado que le pedí a Fausto Ornelas me diera la agenda de organización que había preparado para el evento a fin de que nos sirviera de guía para otros seminarios en la provincia.

El Prof. Hermilo Bassols, ahora embajador y, en aquella época asistente a la Academia por parte de la SRE, me convenció que organizara el sexto seminario en su Universidad, es decir, la Universidad de Guadalajara y la propuesta me pareció sensata, continuar con el seminario en al interior del país en la segunda ciudad más importante de México: sin embargo, no tuve el cuidado de preguntar sobre los antecedentes de dicha Universidad en aquellas épocas y había invitado a otra figura estadounidense importante en aquel momento al Prof. Willis Reese que acababa de publicar el Second Restatement of Conflict of Laws, una proeza, haber podido codificar todas las decisiones de jueces de la Unión Americana relativas a los conflictos de leyes, o sea, mi compromiso era muy importante y debía tener un buen seminario. Hermilo y yo hicimos un viaje exprofeso para entrevistarnos con el director de la Facultad de derecho que no me causó una buena impresión y que atribuí a mi inexperiencia en el trato con directores de la provincia, esta persona aceptó de inmediato y enseguida me dijo, necesitaba dinero para la organización, me dio una cifra alta que le pedí me la hiciera por escrito. Conseguí la cantidad de dinero gracias a que a la sazón trabajaba en la consultoría del Maestro don Jesús Reyes Heroles, Secretario de Educación Pública, y el dinero les fue abonado. Debido a un comentario del propio don Jesús Reyes Heroles que tuviera cuidado con esa Universidad, me provocó suspicacia y le pedí a Fernando Vázquez Pando, que a la sazón era presidente de la Academia, irnos a Guadalajara el viernes anterior en que debía comenzar el seminario. Debo recordar a Fernando Vázquez Pando que era uno de los profesores que más me apoyaron con el Seminario en aquella ocasión y lo siguió haciendo hasta su muerte. Brillante jurista. Así que llegamos el viernes anterior temprano y cuál fue nuestra sorpresa cuando nos entrevistamos con el Director de la Facultad de Derecho de dicha Universidad, que yo había conocido, que nos recibió con cinismo impresionante, que no habían organizado nada pero que nos prestaban las instalaciones para que lo hiciéramos y evidentemente se robaron el dinero que les había conseguido, no dábamos crédito de lo sucedido, así que Fernando y yo, de nuestro peculio, nos dimos a la tarea de organizar el Sexto Seminario en un fin de semana. Debo reconocer la gran ayuda que nos brindó en ese momento un asistente mío de la UNAM, Mario Alberto Castro, a quien le hable esa misma mañana por teléfono y le pedí que viniera a Guadalajara en el primer vuelo posible y empezando la tarde apareció. Ya le teníamos alquilado un taxi por horas para que fuera al centro de la ciudad a comprar los personalizadores, mandar a hacer de urgencia unas mantas para poner con bastidores al fondo del podio con el título del seminario y sacar fotocopias. Debía, además, comprar muchas cosas que necesitábamos para hacer que no se viera tan desolado el evento y para la clausura que fue muy emotiva conseguimos al coro de la Universidad y el Prof. Reese nos felicitó por la “magnífica organización”. No debo dejar de comentar una anécdota de ese evento: la única ayuda que nos ofreció finalmente la Facultad de Derecho fue un traductor simultáneo para el Prof. Reese y cual fue nuestra sorpresa que a las primeras de cambio tradujo “torts” por tortugas. De inmediato Fernando que le había tocado presentar al profesor Reese y que todavía estaba en el podio, y yo al podio, le quitó el micrófono al famoso traductor y en lo sucesivo se hizo cargo de la traducción y afortunadamente el Prof. Reese pensó que era el recambio natural de traductores simultáneos.

No quisiera hacer una enumeración de todos los seminarios. Mencionaré uno más porque de continuar, convertiría esta exposición en un cuento sin fin, Esa será una publicación que posiblemente haré hacia futuro, pero debo señalar que el Sexto Seminario finalmente se constituyó en un éxito.

Permítanme contarles una última historia del prolongado recorrido que ha requerido el Seminario para difundir a lo largo y lo ancho del país, el DIPR. Se trató del Seminario que hicimos en el marco del antiguo edificio de la Universidad Nicolaíta de Miguel Hidalgo, toda una belleza y ahí se incorporaron dos amigos que nos han acompañado siempre a lo largo de los Seminario, la maestra Martha Imelda González Huerta y un joven que abogado, antiguo alumno del Prof. García Moreno quien lo había invitado y me lo había recomendado mucho. Lo escuché hablar de manera brillante sobre el tema de la recepción de pruebas en el extranjero y lo invité a que se uniera a nosotros: Francisco Contreras Vaca. Ese seminario contó con 17 ponentes durante toda una semana y yo estoy seguro que para los que ya participábamos en la organización del seminario: Fernando Vázquez Pando, Laura Trigueros Gaissman, Víctor Carlos García Moreno, Claude Belair Mouchel, Jorge Silva y yo, quedamos tan complacidos que tomamos la decisión de seguir adelante con muchos ánimos en la organización del seminario en la provincia con lo cual veía que el sueño de un inicio de difusión del DIPR empezaba a cumplirse, gracias al esfuerzo de todos. A partir del décimo segundo seminario, me di cuenta que para mí en lo personal era una carga muy grande seguir organizando el Seminario cada año y decidí, previo consultas con los miembros de la Academia, que fuera el presidente de en turno de la misma quien lo organizara y creo que fue una decisión correcta que permitió que el Seminario durara tanto; sin embrago siempre estoy pendiente de su organización ayudando a los diversos presidentes en lo que se les ofrezca para que lleven a cabo esta función.

Anécdotas hay muchas que contar, pero, como antes lo señalé, reservo el cuento para otra ocasión. El Dr. Jorge Alberto Silva desarrollará a continuación algunas otras anécdotas,

II.   NOTAS A CARGO DE JORGE ALBERTO SILVA

Siempre he pensado que recordar el pasado es importante para conocernos. Parece normal que lo ocurrido en el pasado reciente se nos olvide, pero es importante refrescar nuestra memoria para tenerla presente, que ya no la queremos y que, tal vez, nos gustaría repetir, incluso, evocar como recuerdo.

Aunque la memoria parece que pasa y se olvida, siempre está ahí presente; es la que nos moldea. Tal vez a los viejos nos acomode mejor el recuerdo de tiempos pasados, esperando que los actuales y futuros sean mejores. Por eso, es necesario recapitular lo que parece quedar olvidado. Aunque la parte intelectual es importante, la emotiva va al parejo. Me detengo en recuerdos de los seminarios de DIPR, auspiciados por la Academia Mexicana de Derecho Internacional Privado, recordando algunos pasajes que me tocó vivir, sin olvidar el contexto en que surgieron. Ya Leonel Pereznieto se ha referido líneas arriba a narrar a la historia de la Academia, su organización y a algunos de los seminarios, yo me reduciré a narrar algunas anécdotas, más que a la parte académica o de su organización. Cuando hablo de anécdotas me estoy refiriendo a sucesos, acontecimientos chuscos, curiosos o circunstancias que raramente se cuentan al narrar un evento académico o su organización.

Conservo varios documentos que me han permitido hacer una reconstrucción de las vivencias pasadas. Hablo enseguida de esos eventos ocurridos al margen del apartado académico de los seminarios, aunque no es posible hablar de uno sin referirse al otro.

  1. Fundación de la Academia

En 1968 un grupo de profesores de DIPR fundó el Instituto Mexicano de Derecho Internacional Privado. Se fundó en el periodo de la territorialidad y el fruto principal que produjo, en un primer momento, fue lograr que México participara en la CIDIP.3

El Instituto se transformó en Academia Mexicana de Derecho Internacional Privado en 1972, que, a su vez (1993), se transformó en Academia Mexicana de Derecho Internacional Privado y Comparado, en la que tuvo la mayor injerencia el Prof. Pereznieto Castro. A él se le debe la fundación de la Academia, su sustento y, posteriormente, la realización de los seminarios.

Aunque esta agrupación se fundó al final del periodo estatutario mexicano del DIPR, sus mayo- res frutos se han producido en el periodo del renacimiento. No hay que olvidar que fue precisa- mente en la Academia donde se gestó la reforma de 1987-1988 a la ley de la CDMX y la federal y que parte de sus miembros fueron los negociadores de diversos convenios internacionales, hoy en vigor.

La Academia se propuso como objetivo, promover y estimular el estudio, la investigación y la difusión del derecho internacional privado, del derecho comparado y de aquellas disciplinas relacionadas; fomentar y dignificar la cátedra en dichas áreas; y coadyuvar al conocimiento, estudio y solución de aquellos problemas que les son propios. Paso a explicar a algunos de estos objetivos

que la Academia se propuso.

  1. La Academia edita semestralmente la Revista Mexicana de Derecho Internacional Privado y Comparado. Desde el 1996, a través de sus miembros, imparte cursos sobre la disciplina dirigidos a profesores de diferentes universidades. En el 2003, la Academia impartió un diplomado durante un semestre en una universidad del país a cargo de profesores del más alto prestigio en su rama.
  2. Casi desde el principio, las reuniones de la Academia han logrado la interrelación social de los interesados en el desarrollo del DIPR. Allí se reúne la comunidad académica dominante que intercambia y debate.
  3. En 1988 algunos miembros de la Academia presentaron en el seminario correspondiente un anteproyecto de reformas a los códigos civiles y de procedimientos civiles, mismos que se discutieron ampliamente. Estos proyectos (elaborados por los mismos académicos) sirvieron de base para la reforma de algunas leyes mexicanas en torno al Cabe recordar que en estos proyectos estuvieron involucrados Leonel Pereznieto, Fernando Vázquez Pando, Víctor Carlos García Mo- reno y otros miembros. estos, se encuentran las reformas al Código Civil Federal y el Federal de Procedimientos Civiles, el Código de Comercio, en cuestiones propiamente procesales, así como la reglamentación del arbitraje.4

El cumplir con esta meta no ha sido la única, la de mayor ha sido contar con una ley sobre DIPR. Se ha trabajado, durante años, en la elaboración del Proyecto de Ley Modelo de Derecho Interna- cional Privado, que aún no ha encontrado eco en las legislaturas. Un proyecto amplio y revolucionario, acorde a los nuevos momentos de nuestra historia.5

  1. Otra de las metas de la Academia ha sido animar a todas las universidades para ajustar sus programas de estudio a los nuevos tiempos y reformas, impulsando el conocimiento del Han caminado lentamente. En muchas de las universidades los profesores siguen hablando de la teoría estatutaria como si aún respondiese al derecho en vigor o, se han resguardado en el tema de nacionalidad y extranjería, que, para México, no es tema propiamente de DIPR. No obstante, el hecho es que, ahora, prácticamente todas las universidades del país cuentan con una materia relacionada con el DIPR, lo que antes no ocurría. Falta en ellas incentivar el derecho conflictual, el derecho uniforme y esta parte del DIP. que antes ni se tocaba.
  2. Seminarios de DIPR

Uno de los programas de trabajo adoptados por la Academia Mexicana de Derecho Internacional Privado ha sido la celebración de seminarios nacionales de derecho internacional privado y comparado, traduciéndose en el foro o comunidad de expertos más importante, principal y única, que se realiza en México. Reúne a la comunidad académica de mayor importancia en el país. Se trata de reuniones de profesores y abogados interesados (a manera de espacios de discusión), que se han venido realizando ininterrumpidamente. Sus aportaciones doctrinarias han sido trascendentales en la doctrina. Cabe explicar, al menos, dos apartados: sus primeras experiencias y su consolidación nacional.

A partir de 1976 se iniciaron los primeros seminarios organizados bajo la dirección del Profesor Pereznieto. Durante el cuarto Seminario (1980) se fundó la Asociación Nacional de Profesores de DIPR (que también fundó el Prof. Pereznieto) y se fijaron las bases para que las reuniones académicas se celebraran en todo el país. En el seno de la citada asociación se reunieron profesores que no podían acceder a la Academia Mexicana de Derecho Internacional Privado y Comparado. Fue en este seminario cuando comencé a trabajar con mayor dedicación en esta disciplina.

El número de ponencias se incrementó a medida que los años transcurrieron, así como la audiencia, que, además de profesores, incluyó a estudiantes universitarios de diversos lugares del país. La disciplina, casi desconocida en el periodo de la territorialidad, ha atraído la atención de docentes e investigadores nacionales y extranjeros. Las reuniones se consolidaron rápidamente y sus trabajos se han multiplicado.6 De ese tiempo a la fecha, el foro académico principal han sido los seminarios de DIPR.

Algunos miembros de número de la Academia se han destacado por ser representantes de México en organismos internacionales, negociadores de tratados, árbitros panelistas del TLCAN, ase- sores de la Secretaría de Relaciones Exteriores, etc., actividades que han combinado con la práctica académica, la investigación y, en algunos de sus miembros, el ejercicio de la profesión. Cabe des- tacar, que esos representantes de México en la celebración de convenios, no son empleados del gobierno. Mas bien, han sido elegidos por su conocimiento en la materia. Conforman, incluso el llamado grupo de asesores externos de la SRE, que en forma honorifica (sin paga) trabajan para el desarrollo del derecho desde 1975.

  1. Nacimiento e institucionalización de los seminarios anuales

No estuve presente en ninguna de las primeras tres reuniones, que se iniciaron a partir de 1976, pero la impresión escrita de los ponentes no deja lugar a dudas que se comenzó por la puerta grande. He estado presente el cuarto (1980) en cada uno de ellos.

Inicialmente los primeros seminarios se desarrollaron dentro de las instalaciones de la UNAM a instancia e iniciativa de Leonel Pereznieto Castro, cuando ocupaba el puesto de coordinador de Humanidades, ahí, donde se encontraba la Torre de Humanidades, en las viejas instalaciones de ciudad universitaria (1977, 1978, 1979).

El primer seminario se realizó gracias a que Pereznieto se encontraba en el Instituto de Investigaciones Jurídicas se encargó de recibir a los ponentes. Leonel invitó a profesores extranjeros que asistirían, pues había una cierta resistencia entre los poquísimos profesores existentes, ya que, ante el territorialismo prevaleciente y una filosofía territorial dominante, dudaban en cualquier posibilidad de cambio. Era difícil, muy difícil, encontrar profesores mexicanos que tomaran en consideración el derecho extranjero. La última obra de DIPR conocida en ese momento era la de Carlos Arellano García, que sostenía un exclusivismo, con el que siempre continuó y nunca se movió hasta su muerte. No sé cómo fue que yo me rebelé, pues había sido mi profesor.

Carlos decía que nos convenia el exclusivismo “por conveniencia”. Pienso que no es la conveniencia la que nos debe mover, sino la necesidad de satisfacer necesidades de las personas y del comercio internacional. La conveniencia nos empuja al odio, el caos, la separación, la vulneración de los derechos humanos. Vivir por conveniencia es vivir en una farsa.

En la primera reunión estuvieron presentes Friedrich K. Juenger, de la Universidad de Davis, en California, que acababa de impartir su célebre curso en La Haya; Jurgen Samleben, de Alemania; Leonel Pereznieto Castro, José Luis Siqueiros y Fernando Vázquez Pando.

Al segundo, se presentó Henri Battifol, célebre internacionalista francés, director de la Revue critiqué de droit international privé y vicepresidente del Instituto de Derecho Internacional. Le acompañó Fausto Pocar, internacionalista italiano y profesor emérito de la Universidad de Milán. Leonel Pereznieto y Carlos Arellano también estuvieron presentes.

En el tercer seminario (1979) hizo acto de presencia Arthur Von Mehren, que fuera el delegado de EUA en la Conferencia de La Haya, profesor en Harvard y Cambridge. De entre los mexicanos que asistieron estaba Víctor Carlos García Moreno, Leonel Pereznieto, así como Claude Belair Mouchel, de origen francés que se encontraba en el Instituto de Investigaciones Jurídicas por ese entonces y que luego, durante varios seminarios, hasta el 10 en la serie, estuvo presente.

Yo asistí al IV Seminario. Para ese entonces, recuerdo muy bien, me visitó previamente Víctor Carlos García Moreno cargando una invitación. “Se va a realizar un a seminario para examinar los convenios de CIDIP”. Me entregó dos boletos para el transporte. Uno para mí, y me pidió que yo eligiera al segundo. “El Instituto de Investigaciones Jurídicas es el que paga”. De alguna forma yo estaba vinculado a esa disciplina, así es que asistí, invitando al segundo profesor que me acompañó, aunque realmente no se interesó.

Regresar a mi universidad (la UNAM) siempre ha sido un placer. Ha sido tan gozoso, que en un solo año la visité unas 36 ocasiones, a juzgar por los boletos de los pasajes. Casi una vez por semana. Pero ir a los seminarios fue de mayor fortuna. Fui visitando a mis antiguos maestros, que al paso del tiempo se fueron yendo poco a poco; como a mí también me tocará irme. Tal vez soy de los poco egresados que visité con frecuencia a mis antiguos profesores hasta casi su muerte. He aprendido que la vida y valores de cada uno de ellos es como el agua que nutre a las plantas.

Lo habido en los primeros catorce seminarios es diferente a los que se han venido realizando en los últimos años.

En las siguientes líneas procuro presentar algunos datos y anécdotas que vienen a mi recuerdo.

Estoy seguro que sorprenderán a varios de los contemporáneos.

Al inicio de esos eventos el contexto es el más importante y cabe recordarlo. Los primeros tratados internacionales sobre DIPR fueron los de 1975, de CIDIP, que apenas comenzaban a rati- ficarse por el Senado. Para ese entonces fueron pocos los convenios y realmente eran ampliamente desconocidos, pero era necesario que se conocieran.

Entre 1977 a 1989, cuando se efectuaron los primeros 14 seminarios, la legislación de fuente interna sobre DIPR, era inexistente; privaba una amplia territorialidad. Nuestras autoridades y legisladores actuaban con un amplio egoísmo sin pensar en los que nos rodean. Fue hasta 1988 cuando se publicaron algunas reformas al CCFED y el CFPC, que le dieron mayor amplitud a la legislación de fuente interna. Al año siguiente se produjeron las reformas al CCOM y de ahí en adelante, la legislación convencional internacional y la de fuente interna comenzaron a incrementarse. Vino luego la Ley de Inversión Extranjera y otras. De los códigos de las entidades federativas solo unas cuantas integraron prescripciones propias del DIPR. Entre otras, Querétaro, que incorporó en su legislación la nueva normatividad que se había logrado en el entonces Distrito Federal y a nivel federal.

Las universidades apenas si contemplaban algún material relacionado con el derecho conflictual y prácticamente nada sobre el comercial internacional. Había universidades en el país que ni si- quiera contaban con esta disciplina.

La Academia Mexicana de Derecho Internacional Privado (AMEDIP) para incentivar el cono- cimiento y difusión se dio a la tarea de celebrar sus seminarios en algún lugar del país, fuera de la CDMX. Así comenzó el V seminario, realizado en Chihuahua (1981).

En este caso, se aprovechó la oportunidad de que Luis Fausto Ornelas era profesor de DIPR en la Universidad de Chihuahua y hermano del gobernador en ese entonces. Ello auxilió para los apoyos económicos necesarios.

Fue una época de inicio e incentivación, para diferenciarla de la época anterior donde solo se atendía a la nacionalidad y la extranjería. En especial, a los negados o menguados derechos de los extranjeros.

Al primer seminario solo asistieron cinco ponentes, cuatro en el segundo, tres en el tercero y siete en el cuarto. La duración de los primeros cuatro seminarios era de una semana, de lunes a viernes y solo por las tardes. Pero a esos primeros cuatro seminarios, que se realizaron dentro del campus de la UNAM, en la vieja Torre de Humanidades, asistieron ponentes de gran calidad y reconocimiento entre la disciplina. En los primeros tres estuvieron presentes los que ya mencioné y en el cuarto repitió Friedrich K. Juenger, que se hizo puntual asistente en varios seminarios. También estuvieron presentes François Rigaux, de Francia y Benito Sansó, de Venezuela. De entre los mexicanos asistieron Leonel Pereznieto, José Luis Siqueiros, Fernando Vázquez Pando, Carlos Arellano García, Víctor Carlos García Moreno, así como Claude Belair. Por ahí, ya me encontraba yo.

 

Aquellos primeros cuatro seminarios llenaron el contenido de la parte general del DIPR y marcaron una afortunada tendencia entre los académicos recién iniciados, despertando el interés en otros que siguieron.

Esos primeros cuatro seminarios se caracterizaron por abordar una temática general del DIPR, lo que hoy se denomina parte general de la disciplina. A medida que los seminarios se fueron realizando, la temática fue caminando hacia la parte especial de la diciplina.

Entre 1981, el cuarto seminario realizado en la UNAM, y el trece, celebrado en Oaxaca, el número de ponentes y asistentes fue creciendo. En el 5to Seminario estuvieron 8 ponentes, 16 en el sexto, 11 en el séptimo, 19 en el octavo y 22 en el noveno, realizado en 1985. El número de asistentes fue creciendo. Varios convenios de CIDIP se habían venido ratificado en ese lapso y la entrada de México a la Conferencia de La Haya era un hecho. Por desgracia, esos tratados no eran conocidos en el amplio mundo del foro de abogados y jueces.

En aquellos seminarios, que hoy extrañamos, había debates entre los ponentes. Se discutía abiertamente la tesis de cada uno. Hablaban todos los que podían y contribuían para lograr un acuerdo. Al final, el cada seminario terminaba con la elaboración de una serie de conclusiones que eran adjudicadas al seminario mismo. Había hasta debate para la redacción de las conclusiones. Esta costumbre se ha ido perdiendo al paso del tiempo. En seminarios posteriores la conclusión solo fue la conclusión del ponente, no la del seminario, más institucionalizado. El último momento en que trabajó la comisión de conclusiones fue en 2009. Ahora, no hay conclusiones. Los debates también se han ido apagando, casi todo se reduce a la presentación de un discurso y algunas preguntas del público.

Una ponencia no es la síntesis de lo que dice una ley o un tratado. Mas bien, es una disertación, propia de un ámbito académico, resultado de una investigación que parte de un problema no resuelto hasta entonces o que se opone y cambia los resultados de una investigación anterior.

Si por ponencia entendemos una propuesta sobre una tesis que es sometida a debate, estas eran abundantes en aquellos seminarios, aunque actualmente son pocas o raras las ponencias (en el mejor de los sentidos). Los ponentes, verdaderos ponentes, presentaban ponencias.

Los trabajos que se presentaban eran propios e inéditos con gran calidad. Recuerdo que Laura Trigueros decía que cada trabajo era tanto como elaborar una tesis doctoral, ya que en el debate podían salir las inconsistencias. Y algo de eso era cierto, se exigía mucho para cada ponencia.

Hasta en los ponentes había miedo para presentar lo que decían. Sabían que su tesis sería enjuiciada y criticada. En la presentación que hice para la publicación del noveno seminario (1985) yo ano- taba:

…cuanto a los objetivos de los seminarios bastará hacer la observación de que en este tipo de eventos se presentaban temas bien forjados y siempre novedosos. Su altura metodológica y cien- tífica no dejó lugar a la menor duda. En los seminarios se ha pretendido no solo el intercambio de experiencias nuevas o el contacto con nuevos expertos en la materia, o el estimular el contacto del jurista y la investigación de este en tópicos de esta naturaleza, pues también en ellos se ha tratado de buscar soluciones a toda la problemática conflictual existente en nuestro país y aun en las regiones en que ha tenido sede.

Por esa época no era fácil acceder a las computadoras, menos al Power Point. En los primeros seminarios todo se hacía empleando la máquina de escribir. Se repartía entre los ponentes la foto- copia de cada ponencia. Así ocurrió hasta 1993, no habiendo sido sino hasta 2003 cuando se re- partió la ponencia en un disco a cada ponente, algo que también ya ha desparecido.7 Igualmente era costumbre que, durante la comida o cena de los ponentes, siempre había algún ponente que pronunciaba algunas palabras alusivas. Si era una comida organizada por la universidad anfitriona, la charla iba dedicada a dar las gracias por la comida, a la que también asistían los directivos de la universidad. Eso, ya no es parte de la costumbre.

Todos los primeros seminarios, del primero al 26 fueron publicados, elaborándose una obra que contenía las ponencias presentadas.

En cada uno de los seminarios realizados fuera de la CDMX, previo a los actos del seminario, se impartía un curso propedéutico para estudiantes y profesores sobre tópicos del DIPR, incluidos algunos sobre la temática que se iba a abordar. Los profesores, eran los que días después serían los ponentes.

De cuando en cuando algún seminario, a manera de homenaje, se ha dedicado a la memoria de alguno de los internacionalistas. Lo que torna en emotivo el evento y hacer aflorar el recuerdo de cada uno de ellos. En algunos casos ese homenaje se les ha hecho en vida.

Los directivos de las universidades de fuera de la CDMX también nos colmaban con recuerdos.

Formaban una comisión de asistencia, que era la que organizaba nuestro traslado al hotel, a la sede y viceversa, y otra que se encargaba de darle la recepción a los acompañantes de los ponentes. Generalmente eran las señoras de los universitarios las que llevaban a las visitantes a algún lugar de la ciudad para mostrárselo, haciéndole al “guía de turistas”, mientras los ponentes trabajábamos. Otro dato ha sido que, en cada uno de los seminarios, al finalizar, se toma una fotografía de los ponentes, así como otra, con asistentes y ponentes. Contamos en nuestros álbumes, panorámicas con una gran cantidad de asistentes. Una de las más grandes fue la de Tijuana, en 2009.

En uno de los seminarios, un profesor que se presentó por primera ocasión presento un trabajo, que poco después se descubrió que era la copia del trabajo de otro jurista, del Doctor Luis Miguel Díaz. Me tocó descubrir el plagio y denunciarlo. Lo que el plagiario había presentado era exacta- mente lo mismo que un trabajo de Luis Miguel. Solo había suprimido las notas al pie de página y cambiado el nombre del autor. Aquel plagiario jamás volvió a presentarse en algún seminario y tuvo algunos problemas en su universidad. Tampoco sabemos de alguna obra que hubiese publicado.

He tenido la suerte de conocer a los más grandes iusprivatistas mexicanos de todos los tiempos, así como a una gran pléyade de juristas extranjeros que me han hecho el favor de extenderme su mano y de compartir con ellos algunos momentos. Hoy tengo la felicidad de conocer jóvenes juristas que han abrazado este campo del conocimiento, lo que me da el más grande de los placeres. A varios los he impulsado para que caminen y muchos lo han hecho.

Una de las cosas que he aprendido, a lo largo de varios años, es que muchos abogados de fuera de la CDMX se autolimitan para hablar y hacer propuestas. En gran medida, se han auto posicionado en un rol o complejo de inferioridad, lo que les produce dolor. Se sienten como sojuzgados por los juristas que están en la ciudad capital, a los que llaman “chilangos”, como queriéndolos insultar. En cierta forma se niegan a entrar en competencia, declarándose vencidos desde antes de comenzar. He aprendido que en estos seminarios han destacado varios de fuera de la CDMX. Lo que ha ocurrido con los de provincia es que suelen autolimitarse y pensar en un “no se puede”, tornando su existencia en una relación tóxica, que suele afectar su personalidad. Deben tomar en cuenta que al igual que hay juristas mediocres en la CDMX, también los hay en provincia y vice- versa. No hay que olvidar que varios de los internacionalistas que han participado en los seminarios provienen de provincia. A varios de ellos me referiré en esta charla.

En fin, permítanme continuar con algunas anécdotas.

1980 CDMX

Del seminario de 1980, celebrado en la Ciudad de México cabe recordar tres anécdotas.

Primera anécdota. El cuarto Seminario se celebró en la Coordinación de Humanidades, de la que Leonel era el Coordinador. Allá en el noveno piso de la Torre de Humanidades.

A ese seminario solo concurrieron siete ponentes. Se había programado para que durara una semana, de lunes a viernes. El hecho es que asistían ponentes extranjeros de extraordinaria calidad. Entre otros, Friedrich K. Juenger, de la Universidad de Davis, California; François Rigaux, del l’Institut de droit international et du Centre interuniversitaire de droit comparé; Benito Sansó, de la Universidad Central de Venezuela.

El tema general programado fue la ley aplicable al régimen económico del matrimonio. Todos presentaron sus ponencias en el día que les fue asignado. La asistencia fue regular y muy interesada, asistiendo toda la semana.

La tesis general sostenida fue que debería de fijarse una ley, un orden jurídico específico para regular el matrimonio, que obviamente no era la lex fori.

Por el lado mexicano, entre otros, Carlos Arellano García presentó una ponencia. Su tesis era legeforista, contraria a toda posibilidad de aceptar una ley extranjera. El entonces vigente artículo 35 de la Ley de Nacionalidad estaba en vigor e impedía el divorcio de los extranjeros. Carlos sostuvo que solo el gobierno federal podía dictar leyes sobre condición jurídica de los extranjeros, y que dentro de esa condición se encontraba el matrimonio y su régimen económico. Esta afirmación desató el debate.

Todos los ponentes, incluido público asistente se fue contra Carlos, diciéndole que una cosa era la condición jurídica de los extranjeros, a que se refería la constitución y, otra, el estado civil de las personas, que era competencia de las entidades federativas. Carlos no aceptó esta diferencia, pero tampoco expuso razones.

En torno a esta afirmación se produjo todo el debate y se le criticó a Carlos Arellano desde diversos puntos de vista. Fue tan duro el golpeteo, que Carlos no volvió a presentarse a un seminario en los siguientes dos años. Se sintió lesionado en su honor.

Eso fue algo que yo sentí. Carlos había sido mi profesor en la licenciatura, aunque nunca seguí

 

sus tesis, pero si su amistad durante toda su vida. Con el mantuve continuas diferencias académicas.

Recuerdo unas conferencias que tuvimos en Morelia, en donde el insistía en negar derechos a los extranjeros y su oposición al TLCAN, en tanto que yo defendía la apertura de los derechos humanos y una libertad de comercio. Pese a todo, nos llevamos bien. En Sonora, el me mostró algunos lugares, incluso, hasta el lugar donde compró un automóvil, cuando fue magistrado en ese estado.

Segunda anécdota. Al concluir el cuarto Seminario nos trasladamos a cenar a un restaurante cercano a Ciudad Universitaria. Casi al terminar, a uno de los asistentes se le ocurrió decir que fuéramos a un teatro. Había extranjeros y aquello merecía esa visita. De hecho, todos asentimos en ir a un teatro. En varios vehículos nos trasladamos al centro de la Cd. de México, a espaldas del actual Teatro Blanquita. Ahí estaba un centro nocturno que se llamaba King Kong, propiedad de la famosa Margo Su y Pancho Soto. Un cabaret amplísimo y muy decorado.

Pagamos nuestro boleto de entrada y lo primero que ocurrió fue que antes de entrar al salón todos fuimos cacheados, esto es, fuimos revisados en todo el cuerpo de vigilancia para saber si portábamos algún arma. En realidad, eso nos extrañó. Algunos, o varios, solo llevábamos algunos libros y el diploma de asistencia que nos habían entregado.

Un acomodador nos condujo a una mesa grande en la parte alta del salón, desde donde se podía observar el área central de la actuación. Aquel lugar estaba llenísimo. Nosotros éramos unos 12 o 13. Nos colocamos en una mesa grande, cada quien pidió la bebida que le apetecía, y a poco de ahí se inició el espectáculo.

El humo del cigarro y el fuerte olor al licor rodeaba el ambiente. Ahí nos acompañaban los extranjeros Friedrich K. Juenger, Benito Sansó, Claude Belair, y Eduardo Vitta, entre los mexica- nos, estábamos Laura Trigueros, Leonel Pereznieto Fernando Vázquez Pando, el que escribe, entre otros.

El espectáculo que presenciamos fue un rito a manera de baile prehispánico en el que ingresaban algunos indígenas cargando a una especie de diosa sobre una litera cargada sobre los hombros de sus esclavos.

La protagonista bajó de la litera y se inició una danza ritual. Al final, algunas de las acompañantes de aquella diosa se desnudaron, así como la artista principal, una mujer reconocida en el cine nacional.

Luego del espectáculo se inició un baile para todos los asistentes. Así es que los extranjeros fueron llevados al centro donde bailaron una o dos piezas.

Terminamos aquel día, no sin antes burlarnos y reírnos mucho por el tipo de espectáculo al que habíamos llevado a los ponentes. Todas unas figuras mundiales del derecho internacional habían sido llevadas a un espectáculo de desnudos, decíamos. ¿pero cómo, también llevábamos a Laura, tan seria? Fue algo que durante muchos años hemos recordado en nuestras reuniones.

Tercera anécdota. La más triste de todas. A ese seminario, ya lo dije, estuvo presente Benito Sansó, que venía de Venezuela, aunque su nacionalidad originaria era italiana. Por cierto, él era compadre de Tatiana B de Maeketl. Luego de concluir el Seminario, Benito se trasladó a Estados Unidos en viaje de placer y de ahí se fue a las Bahamas y yendo con un amigo al hotel, en la noche, les salió un borracho en un Jeep y lo atropelló, quitándole la vida. Fue realmente una tragedia para el gremio internacional privatistas.

1982 Guadalajara

Dos son las anécdotas sobre la reunión en Guadalajara, sin dejar de olvidar que este seminario estuvo dedicado a la memoria de Alberto G. Arce (1877-1969), a quien nunca tuve la oportunidad de conocer en lo personal.

Primera anécdota. Según me contó Fernando Vázquez Pando, algunos profesores se apersona- ron en la oficina de Fernando Vázquez Pando, entonces presidente de la AMEDIP. Los profesores le pidieron que el siguiente seminario se efectuara en su Universidad. Esto era algo que se esperaba, pues de fuera de la CDMX se pedía un seminario sobre una disciplina casi desconocida por ese entonces. Eso era algo raro, pues los que pedían el seminario para su universidad, nunca se habían presentado a un seminario anterior, ni eran conocidos como internacionalista. Pero la buena fe no hizo sospechar nada malo.

Se consiguió el dinero para el Seminario y se entregó a la dirección de la Facultad para que comenzaran a elaborar posters y la papelería necesaria para el seminario. La AMEDIP comunicó a sus miembros fecha y lugar para seminario, convocando para que se presentasen las ponencias correspondientes.

Se inicio la semana programada para el seminario. Se había fijado un miércoles para comenzar, pero Fernando, en compañía de Leonel Pereznieto, se fueron para ultimar detalles y coordinar con el Director de la Facultad para el seminario Según me contó Fernando, llegaron él y Leonel a la Universidad y no encontraron ningún cartel alusivo. Se encaminaron a la dirección de la escuela, se entrevistaron con el director diciendo que estaba ahí para coordinar los últimos pasos del evento programado.

El director los miró extrañado y les dijo que no sabía nada de eso. Leonel le dijo y le mostró el comprobante con el que la SEP le había entregado el dinero. El director de la escuela, ya sorprendido y con mayor amabilidad le dijo que esos habían sido profesores pero que iba a averiguar dónde estaba el dinero y por supuesto, después no se volvió a aparecer porque se robó el dinero Que tampoco le habían informado de la realización de algún seminario, ni nada semejante. No esperaban a ningún profesor, ni existían cuartos de hotel reservados.

Aquello fue algo tráumate para Fernando y Leonel, en dos días se iniciaría el seminario, los extranjeros ya venían en camino y la universidad, que se decía anfitriona no tenía nada, ni lo sabía. A pesar del fraude, pero en ese momento, lo que importaba, era el seminario. Como fuese, el director realizó rápidamente diversos movimientos, se contrató un hotel y designó un lugar o auditorio para la realización del evento. El profesor Pereznieto, que líneas arriba ha narrado este pasaje, nos ofrece detalles más particulares sobre lo ocurrido.

Afortunadamente el seminario se desarrolló sin mayores problemas, pero lo que nunca se nos olvidó fue la atrevida y fraudulenta actitud del director, creyéndole su espíritu académico.

Segunda anécdota. Recuerdo lo ocurrido en esa misma universidad en donde hablarían algunos extranjeros. La universidad nos dijo que proporcionaría a un muy competente y experimentado profesor que haría la traducción. En uno de los módulos o mesa, casi al inicio, el traductor no se presentaba. Yo me quedé en la puerta del auditorio esperando. Entonces, apareció un hombre que yo no conocía. A paso lento, apoyándose en un bordón, en forma tranquila, seguro de sí mismo y de la importante función que desempeñaría, y aunque tarde, se encaminaba hacia la puerta de entrada.

~~ ¿Usted es el traductor? Pregunté.

~~ Si, me respondió.

Lo conduje inmediatamente hasta el frente donde ya se encontraba el conferencista sentado en el estrado, acompañado de Fernando Vázquez Pando.

~~ Fernando, aquí, el señor es el traductor, le dije.

Aquel hombre subió al estrado, se sentó y acomodó, tomándose todo su tiempo, acomodando su bastón y reclinándose sobre el micrófono.

Fernando anunció al conferencista, un muy distinguido profesor que poco atrás había pronunciado un célebre curso en la Conferencia de La Haya.

El ponente comenzó a hablar en inglés. Anunció el título de su conferencia: “los conflictos de leyes en Estados Unidos”

~~ Comenzaré con los “torts”.

El traductor rápidamente, e iniciando su delicada labor, dijo:

~~ el conferencista hablará sobre las tortugas.

~~ Torts, corrigió el ponente, quien tenía un cierto conocimiento del español,

~~ Si, tortugas, insistió el traductor.

Aquel experimentado hombre que nos había recomendado la universidad había traducido la palabra tort, como tortugas, siendo que se refería a daños.

Eso hizo explotar a Fernando que de ahí en adelante realizó toda la traducción, dejando al acre- ditado “traductor”, que nos prestaron, sentado al frente. Todo el público lo miraba como el representante de la universidad anfitriona.

1984 Morelia

La universidad Nicolaíta nos abrió sus puertas. La organizadora fue Martha Imelda González. Fue un seminario bastante atractivo. Fue en este seminario cuando se presentó por primera ocasión Francisco Contreras Vaca y así, ha seguido hasta ahora. Había sido alumno de Víctor Carlos, quien le dirigió su tesis de licenciatura y lo llevó a los seminarios. El tema era bastante raro en esa universidad. El tribunal de justicia del Estado nos invitó a sus instalaciones. Martha Imelda González, que en ese entonces era profesora en esa universidad, me contó que había animado a su universidad a ser la anfitriona, luego de una charla con José Luis Siqueiros, que la animó a involucrase en la disciplina.

1985 Ciudad Juárez

El año de 1985 fue terrible. Es año se produjo, a finales de septiembre un terremoto en la CDMX. Presidia la AMEDIP Fernando Vázquez Pando. El seminario se realizaría unos días en Cd. Juárez. Eran las vísperas del seminario, que se debería efectuarse unos días después. Los invitados extranjeros estaban listos. El terremoto cerró las comunicaciones con la Cd. de México y de esta ciudad hacia afuera. En Europa y en EUA se decía que el terremoto había acabado con la ciudad. Recuerdo esos momentos. Tomé la iniciativa y seguir de Cd. Juárez con la organización del seminario. A pesar de los problemas telefónicos y, tan pronto como se pudo (uno o dos días después), hablé con Fernando. Me encargué de hablar al extranjero, sobre todo con Friedrich K. Juenger. Me preguntó por la gente de la Cd. de México y era poco lo que yo sabía. “Están bien”,

contesté.

Al paso de los días fui teniendo mayor conocimiento de lo que ocurría. Casi todos se encontraban bien. Tal vez Ricardo Abarca tenía algunos problemas, pues el lugar de CDMX en que residía, había habido problemas graves y desplome de edificios. Como encargado en Cd. Juárez yo era el coordinador y obviamente surgieron las dudas acerca de si se realizaría o no el seminario.

Ya casi cerca del evento, tuve que comunicarme con la mayoría de los ponentes que estaban en la CDMX, opté por realizar la comunicación vía Fernando Vázquez para hacerla más accesible.

La organización salió lo mejor librada posible. Ese seminario contó con 22 ponentes. Fue un éxito, al que invite a algunos profesores de Estados Unidos cercanos a la ciudad.

Entre otras cosas, el Fuerte Bliss (Fort Bliss), en El Paso, Texas, nos invitó a conocer sus instalaciones militares (el segundo cuartel más importante en EUA). Acudimos al lugar donde nos mostraron parte de su artillería y nos llamó la atención que estuviésemos reunidos en un auditorio especial para militares. Ahí aparecía, aunque con luces apagadas un letrero que decía “top secret”, que mucho nos llamó la atención.

Asistió a ese seminario y por primera ocasión Karl August Prinz Von Sachsen, un joven profe- sor de nacionalidad México – alemana. Se hizo del conocimiento a los estudiantes de la presencia de los que estaban asistiendo, entre otros, de Von Sachsen. No fue difícil que las alumnas se enterarán que prinz significaba príncipe. En efecto, el príncipe de Sajonia ahí estaba. Eso llevó a que durante todos los días del seminario las alumnas estuvieran cerca de Karl, tomándose fotografías y saludándolo. Karl era soltero, y tal vez, alguna de las alumnas pensaba en convertirse en princesa.

Este seminario fue el último al que asistió Walter Frisch Philipp.

El seminario estuvo dedicado a José Luis Siqueiros (1928-2020), mi paisano, con quien guardé gran amistad.

 

1986 CDMX

En el décimo seminario se presentó y discutió el proyecto de reformas al CC y al CFPC. Varios de los trabajos giraron en este entorno. Ese seminario dio inicio a un parte aguas. Leonel Pereznieto presentó “Ante proyecto de reformas al Código civil para el Distrito Federal en materia de derecho internacional privado”. Criticó y dejó sin patas al sistema legislativo hasta entonces existente. El seminario siguiente fue su continuación. Eso animó e impulsó a los académicos a incursionar en un proyecto legislativo.

Los trabajos presentados en este decimo seminario se publicaron por la Procuraduría General de la República (Revista Mexicana de Justicia 87), por desgracia, varios de los trabajos presentados al seminario fueron sujetos al escrutinio de la dependencia y aquellos que “molestaban al régimen”, fueron excluidos. Entre otros: los de Fernando Alejandro Vázquez Pando, Fernando Pérez Torres- cano, Francisco Miranda Calderón, Jorge Alberto Silva, José Luis Villaseñor, Luis Nicolín, Marco Antonio Gómez Arroyo, María Estela Ramírez García, Mario Ruiz Moreno, Martha Imelda González Huerta y Miguel Ángel Lucero. ¡Que desgracia cuando se impide la libertad de expresión!

Fue en este seminario cuando se presentó por primera ocasión como ponente el hoy magistrado Juan Manuel Saldaña Pérez, uno de los más grandes juristas del comercio internacional.

1987 Querétaro

Primera anécdota. El décimo primer seminario fue continuación del anterior. 18 ponencias se presentaron. Seguramente las de mayor interés para el DIPR codificado fueron las de Leonel Pereznieto Castro, sobre las reformas al CCDF, y la de Fernando Vázquez Pando, sobre la codificación del DIPR. Fue ahí cuando se presentó un proyecto de reformas de lo que fue el cambio en esas leyes, que afortunadamente aprobó el Congreso de la Unión. No pasaron las reformas propuestas para la Ley Federal el Trabajo. Al parecer no le gustó o no fue del agrado del sempiterno líder Fidel Velázquez.

Segunda anécdota. Siempre hemos contado con asistentes en cada seminario. Asisten profeso- res de la universidad anfitriona, incluidos sus estudiantes y algunos abogados del lugar. En uno de esos seminarios nos llamó la atención que, desde las primeras mesas de presentación de ponencia, no se había presentado ningún profesor, ningún estudiante, ni alguna otra persona ajena a los ponentes.

 

¿Qué fue lo que ocurrió?, nos preguntamos todos. La respuesta fue que los organizadores de esa universidad quedaron fuera de la organización. Por esos días, uno días previos a nuestro seminario, hubo cambio de directivos en la Universidad, cambió rector y director de la escuela.

El hecho es que los nuevos directivos eran contrarios a los que habían invitado y organizado el evento. Como represalia a los perdedores (los organizadores de casa) los nuevos directivos no hicieron ninguna publicidad, ni invitaron a ningún profesor, ni estudiante. Ese seminario nos que- damos sin estudiantes, ni profesores de la Universidad anfitriona.

Aquello se sintió más entre nosotros, ya que el salón o auditorio que nos proporcionaron, estaba un tanto retirado de las instalaciones escolares, seguramente ningún estudiante se dio cuenta de lo que ocurría. En cierta forma fue un fracaso para nosotros que procurábamos incentivar el conocimiento por el DIPR. De hecho, en el salón que nos dieron solo estuvimos los 17 ponentes que asistimos. Ninguno del lugar del evento.

1988 CDMX

Durante el 12 seminario se presentaron 18 ponencias. El tema central que llenó el ambiente fueron las reformas a las leyes para el Distrito Federal y el CFPC recién aprobadas. El Proyecto de la Academia había tenido éxito.

Ricardo Abarca, Carlos Arellano, Francisco Contreras, Víctor Carlos García Moreno, Cipriano Gómez Lara, José Ovalle Favela, Jorge Alberto Silva, José Luis Siqueiros, hablamos sobre las reformas en materia procesal.

En torno al código civil, hablaron Víctor Carlos García Moreno, Leonel Pereznieto y Manuel Rosales Silva.

En lo general, hablaron Leonel y Fernando Vázquez Pando que presentó el inicio de un resumen que luego se convertiría en un libro clásico: Nuevo Derecho internacional Privado, al amparo de la editorial Themis.

1989 Oaxaca

En 1989 se realizó el seminario en Oaxaca, capital. Por ese entonces la disciplina de DIR era prácticamente inexistente en esa Universidad. Había una clase de derecho internacional público y se justificaba la de DIPR con el tema de extradición. De manera que la temática que llevaron los

 

ponentes, era algo novedoso. Fue muy importante el lugar, ya que ha sido el único del sur del país que hemos visitado. El edificio que nos albergó era la licenciatura en Derecho, a un lado de la catedral del lugar. En pleno centro de la ciudad. Nos quedamos en un hotel en el que las calles se llamaban Porfirio Diaz y, al otro lado, se llamaba Benito Juárez.

El hecho, es que al paso del tiempo hemos visto un cierto desaire hacia nuestra disciplina en las universidades del sur.

Ahí, en Oaxaca, una de las mesas se conformó por Roberto Velázquez Huber de la Metropolitana; Loretta Ortiz Ahlf, de la Escuela Libre de Derecho; y Julio Cesar Treviño Ascué, de la UNAM. Me tocó de buena o mala suerte ser yo el coordinador de esa mesa. Di la palabra a Roberto Velázquez, quien se explayó sobre su tema, en el que involucraba al derecho de los tratados.

Al concluir, Víctor Carlos García Moreno, que estaba en el público, pidió la palabra (en ese entonces eso era posible), aun cuando no hubiesen hablado los demás ponentes. Abordó la temática expuesta por el ponente, al que le siguió Carlos Arellano García, que era excelente para encender los ánimos del público con su retórica anti EUA. Tomó una posición no precisamente académica, sino política. Incluyó una serie de calificativos despectivos, tales como EUA no nos convienen, es mejor mantenernos autónomos, la territorialidad es lo mejor, y otras cosas, como el rescate de nuestra patria frente a los extranjeros, etc., calificativos que estimularon al público estudiantil, que llenaba el auditorio, aunque no abordase propiamente, el apartado jurídico. Su exposición, se tornó casi como un mitin populachero, además, fue más allá del plazo permitido para el auditorio (él no era ponente en ese momento), pero el caso es que aun cuando se le llamaba la atención por sobre- pasar el tiempo, no terminaba. En varias ocasiones se le llamó la atención sobre el particular. El debate entre la gente del público de viralizó, unos contra otros, y cada uno exponiendo una específica tesis. Los gritos eran atronadores. Hecho que convirtió aquello en un pandemónium, lleno de gritos, pareciendo un mitin populachero. Yo, como moderador de mesa me fue imposible controlar aquello, ni siquiera se escuchaba lo que decía, a pesar de contar con micrófono y volumen. Todos hablaban, gritaban y vitoreaban a Carlos Arellano. Intercedieron Fernando Vázquez Pando y Patrick Staelens G., pero sin mucho éxito.

Por fin, llegó el momento en que fue posible establecer cierto un orden, por lo que luego, casi inmediatamente le di la palabra a Loretta Ortiz Ahlf, que habló en términos similares a la ponencia recién expuesta, aunque, insistió en que los tratados los celebra el presidente de la República como

 

jefe de estado, y no hay limitación en cuanto a su materia en razón de la distribución de competencias. Pero parte de esta tesis no fue del agrado a Víctor Carlos, por lo que tomaron la palabra Fernando y Leonel, dando lugar a una nueva refriega, que encendió al auditorio por considerar que no se respetaba la autonomía de las entidades federativas.

Aquella fue la primera reunión a la que asistía Loretta, que llevaba a su lado a dos niños pequeños, Fernando y Loretta, de unos cuatro años de edad.

1990 Chilpancingo

En 1990 nos reunimos en Chilpancingo, capital del Estado de Guerrero, lugar al que nos trasladamos en un autobús especial para nosotros. De ahí recuerdo tres anécdotas.

Primera anécdota. La primera corresponde al hotel donde fuimos alojados. Era un hotel pro- piedad el Estado, porque la invitación vino directamente del gobernador José Francisco Ruiz Massieu, del cual era asesor Leonel. Ocurre que los organizadores reservaron los cuartos de hotel para nosotros, pero en fecha muy cercana. Llegamos ahí por la noche, de manera que al día siguiente despertamos y nos alistábamos al baño acostumbrado, pero ocurrió que no había agua. Ese día no hubo. El hotel tenía una piscina, así que algunos se lanzaron en clavado, dieron dos o tres mano- tazos y con ello, ya se habían bañado.

Nos trasladamos al restaurante, pero ocurrió que los cocineros tampoco sabían que iban a tener huéspedes; no se prepararon. Solo contaban con cuatro piezas de pan, nada de huevo y así. Ahí tuvimos que esperar hasta que consiguieron algo de alimento. Luego nos dirigirnos al auditorio en que se realizaría el seminario.

Segunda anécdota. La segunda anécdota a recordar fue que el auditorio tenía un problema que a todos nos llamó la atención.

Entre el escenario y la butaqueria (los asientos para el público) corría un canal o acequia. Así había sido construido. A este espacio o pasillo, de un edificio como este, se le conoce como proskenion. Durante todo el seminario nos tocó tener que brincar el proskenion, para subir al lugar donde se pronunciarían las ponencias, ya que ahí brotaba el agua, aunque lentamente.

Los directivos enviaban con frecuencia a personal de limpieza, que aspiraba el agua que se filtraba en el cemento, se desarrollaron las conferencias.

Tercera anécdota. Como Chilpancingo es la Capital del estado de Guerreo, ahí se encuentra el

 

tribunal superior de justicia. Fuimos alagados por loa magistrados del alto tribunal al momento de la comida. Se nos sirvió pozole del lugar. Ahí acostumbran, entre semana hacerle honores a ese alimento.

1991 Hermosillo

En 1991 se realizó el Décimo Quinto Seminario en la Universidad de Sonora. Leonel había sido encargado por la UNAM de fundar los estudios de posgrado en esa Universidad, en derecho inter- nacional privado y él había promovido la realización del Seminario en esa Universidad, a la que fuimos invitados como profesores varios miembros de la AMEDIP.

Al seminario anterior concurrió el Lic. Eleazar Fontes, profesor de la Universidad de Sonora para que se diera cuenta de nuestra organización. En el viaje hacia Chilpancingo y regreso, fuimos compañeros en el autobús. Ahí platicamos sobre el evento a realizarse en Hermosillo. Aquello, fue de recomendaciones mías para Fontes en la realización del próximo seminario. Así platicamos sobre experiencias habidas en otros seminarios.

El seminario en Sonora fue visto por nosotros como un éxito a las actividades realizadas por la AMEDIP, pues por primera ocasión una universidad tomaba en cuenta y en serio la disciplina.

Cabe decir, que esa especialidad, y luego maestría, fue apoyada por miembros de la Academia. Cada fin de semana, alguno de nosotros viajaba a Hermosillo a impartir clase. Así, durante algunos años. Hoy en día la división de estudios de posgrado en la Universidad de Sonora en sus cuatro planteles cuenta con un promedio de 400 estudiantes.

El Seminario estuvo dedicado a la memoria del Prof. Ricardo Abarca Landeros (+ – 1990), que poco tiempo antes, había fallecido, acompañándonos hasta el seminario 13, en Oaxaca. Lo re- cuerdo por su amistad y la que tuve con su hijo, que poco tiempo atrás acababa de fallecer en un accidente.

1992 Cd. Juárez

De nueva cuenta se realizó el semanario en Ciudad Juárez. El dato de mayor interés fue que se aprobó un proyecto de reformas al código civil y al de procedimientos civiles, que podría ser adoptado por el estado de Chihuahua y de cualquier otra entidad federativa. El hecho es que ninguno de esos proyectos fue tomado en cuenta por los legisladores. Los proyectos fueron encabezados por Luis Fausto Ornelas, el que esto suscribe y Fernando Vázquez Pando.

1993 Tijuana

En 1993 nos encontramos en Tijuana. La Universidad Iberoamericana de Baja California de aquel lugar fue anfitriona del seminario de ese año. Seminario dedicado a Eduardo Trigueros Sarabia. Organizó Víctor Herrero, que por ese entonces era estudiante de un doctorado en la Complutense y alumno de José Carlos Fernández Rozas, desgraciadamente no concluyó sus estudios, pues la beca que le había sido otorgada le fue suspendida por cambio de gobierno en su estado.

Una tarde, la Universidad invitó a los ponentes a una cena que se efectuaría en un restaurante, que estaba en la costa. El lugar está distante de Tijuana, en Rosarito, por lo que la Universidad proporcionó uno de sus autobuses para trasladar a los ponentes.

Confiados subimos en el vehículo, en tanto que los directivos se trasladaron en sus respectivos automóviles.

El chofer que nos conducía tomó una carretera y sobre el camino, al ir en ascenso sobre una pendiente, el autobús comenzó a tener problemas. Se escuchaba que el motor se aceleraba y el camión comenzó a retrasarse en su marcha y poco a poco caminaba más y más despacio y el motor se escuchaba forzado. La pendiente seguía y llegó el momento en que el autobús no pudo continuar. Detuvo su marcha.

Un ruido se escuchó en la parte trasera, algo así como una explosión, lugar donde se encontraba el motor del vehículo. Por más que se quiso, el autobús lanzó el último suspiro.

Un humo negro comenzó a salir e introducirse en el autobús, con un fuerte olor a diésel. El pesado vehículo logró quedarse a un lado del camino, un camino angosto y sin tránsito de vehículos. Era una carretera angosta y antigua. Tierra y polvo bordeaban el camino.

~~ ¡El humo, el humo, hay humo en la parte de atrás!, gritaba un profesor.

~~ ¡Salgan, salgan, esto va a explotar, hay fuego en el motor!,

 ¡Ahí está el tanque de la gasolina!, gritaba otra profesora.

El chofer abrió la puerta. El autobús solo contaba con una puerta delantera. Seguramente un autobús de los cincuenta.

Los que iban sentados al frente comenzaron a salir, algunos despacio, esperando a recoger sus cosas. Manuel Becerra y Víctor Carlos García Moreno, que venían, atrás, apuraban a los de enfrente.

~~ ¡Muévanse!, gritaban atrás, ¡esto va a explotar!

~~ ¡Muévanse rápido!, se oía una voz desesperada.

Como pudimos, unos veinte profesores, logramos salir del autobús. Nos quedamos al lado del camino. Luego de observar rápidamente el lugar tomamos conciencia del lugar en que nos encontrábamos. Terracería, tierra y cerros era lo que se veía.

~~ ¿Hay por ahí algún lugar que se vea?, preguntó uno.

                      ~~ Nada, estamos en el desierto.

Dijimos varios. El hecho es que no se veía nada poblado.

Doblando los ojos y tratando de convertirlos en mira lejos, adelante se veía un camino vecinal que corría al lado izquierdo de nuestro camino.

A lo lejos, y con extraordinario esfuerzo visual, se veía algo que parecía el techo de alguna casa o algo así.

~~ Tenemos que movernos de aquí, tal vez en esa casa no puedan ayudar, dijo uno. Pronto va obscurecer.

~~ Adelante, caminemos hasta allá.

~~ Veamos si es posible pedir un “aventón”, alguien que nos auxilie.

Pasó en ese momento una camioneta pickup con la caja trasera vacía. Levantamos la mano para pedir ayuda y la camioneta se detuvo.

~~ Señor, ¿nos puede auxiliar para llegar hasta aquel camino que da a una casa? Preguntó uno.

~~Súbanse, dijo amablemente el chofer. Rápidamente se resolvió. Alguien dijo:

~~ Primero las mujeres, después nos vamos nosotros. Un rápido acuerdo y consenso se produjo. Había más.

Mientras subían unas cinco o seis mujeres y alguien dijo:

~~ Debe de ir un hombre para que las cuide.

Rápidamente todos voltearon hacia Víctor Carlos diciéndole que las acompañara.

Se fue la camioneta y poco a poco, a medida que iban pasando vehículos, amablemente nos fueron transportando a todos al lugar que se encontraba adelante, en el que ya estaba Víctor Carlos. Llegamos todos al lugar. No era una casa, ¡era una cantina! a mitad del desierto. Una cantina de “puros machos”, como alguien dijo. En su interior no había ninguna dama, ni cantinera. Solo alcohol era el que abundaba sobre varias mesas. El ambiente ya estaba aluzado, la luz eléctrica nos permitía ver.

Cuando ya estuvimos ahí Víctor Carlos nos contó que, al llegar con las mujeres, se introdujeron a la cantina, pues no había otro lugar en esa parte del desierto. Al ir ellas pasando frente a los clientes, un montón de borrachitos o alegres bebedores, uno de los parroquianos exclamó:

~~ ¡Llegó mercancía nueva!, refiriéndose a las mujeres que iban entrando a la cantina.

Obviamente todos los bebedores voltearon a verlas. El hecho es que aquellas no tenían ni la cara ni la vestimenta para tomarlas como mariposas. Entre ellas, iban Martha Imelda, Loretta, Ligia y Laura Trigueros.

En fin, estando ya todos en el interior, tomamos un lugar, pedimos algún refresco y, no tuvimos más remedio que esperar. El problema era cómo avisar y dar cuenta de nuestra situación. Ahí no había teléfono. Los celulares, como los actuales, no existían.

Ligia González, que nos acompañaba, llevaba un teléfono de aquellos antiguos que pesaban casi dos kilos. Sacando un teléfono de entre sus bolsas preguntó:

~~ ¿Y ahora a quién le hablo?

~~ ¿Alguien tiene el teléfono de la gente de Tijuana?

Que suerte la de ese momento, pero nadie de nosotros tenía alguna referencia de los directivos de Tijuana, como para avisarles que estábamos a mitad del desierto.

Ligia habló a la ciudad de México y, afortunadamente, le contestaron.

~~ Dame el teléfono de la gente de Tijuana o háblales, diles que nos quedamos en el camino en un pueblo que se llama La Gloria, delegación de San Antonio de los Buenos.

A no mucho tiempo, hasta ahí fueron llegando algunos vehículos particulares de los directivos de la Universidad que nos habían estado esperando en un restaurant, al lado de la playa.

~~ ¿Y el chofer? Se quedó en el desierto cuidando su autobús.

Después nos enteramos que al chofer le habían entregado el dinero para que tomara la carretera de cuota, pero no lo hizo. No se fue por la carretera de paga, se fue por la libre para quedarse con el dinero que le habían proporcionado para pagar la cuota.

Por fin, llegamos a un restaurante en Rosarito, llamado Calafia, sumamente cansados y agota- dos. Debían ser algo así como las diez de la noche. Habíamos perdido algunas horas en la travesía por el desierto.

Afortunadamente los directivos de la Universidad ordenaron la cena. Nos la sirvieron con una bebida refrescante.

Aunque cansados ahí estuvimos. Era un restaurante bonito, cómodo y para turistas, a un lado del mar. Bajo el mismo, como acantilado, se encontraba lo que se decía era una réplica de la nao Santa María, que Cristóbal Colón había utilizado para descubrir América. Nos levantó el ánimo bajar las escalinatas y llegar a la embarcación.

Era pequeña, ¿cómo pudo Colón navegar durante meses en un armatroste como este durante meses? Nos preguntamos.

Aquello alivió nuestro cansancio.

Regresamos a Tijuana en diferentes vehículos. Pasaba la media noche cuando llegamos cansa- dos, pues tuvimos que apiñarnos, como se pudo, varias personas en unos cuantos vehículos.

Finalmente llegamos a nuestro hotel pasada la media noche.

1994 Puebla

Seminario dedicado a la memoria de Fernando Alejandro Vázquez Pando (1945-1995), que acabada de fallecer. Nos acompañó hasta el seminario 19. Gran amigo, de una inteligencia natural excepcional.

No olvido ese año, pues fue cuando se realizó la IV CIDIP en la CDMX, previamente al seminario de ese año. Recuerdo que en esa reunión de CIDIP Fernando se acercó con paso lento a los representantes de cada país que fueron saludándolo. Sabíamos que era una despedida. Fue muy triste ese momento.

1996 Guadalajara

Aparece el primer número de la Revista Mexicana de Derecho Internacional Privado, bajo la dirección del Dr. Leonel Pereznieto Castro. Misma que en forma ininterrumpida ha continuado hasta la actualidad.

1998 Acapulco

El seminario número 22, de la serie, se realizó en Acapulco. Uno pensaría que este evento estuvo colmado de placer. Nada de esto. La mayoría de los ponentes vestía con traje, pero el calor era agobiante. Al día siguiente, cambiamos el traje y la corbata, por una camisa más sencilla.

Entrabamos a cada evento en el edificio del plantel que nos asignaron. El salón de actos se encontraba en el cuarto o quinto puso, Así es que había que subir hasta ese lugar. El café, que se nos daba, se encontraba en la planta baja. Nos molestaba. Una tarde aprovechamos la oportunidad para acercarnos a la playa.

La única que se atrevió a remojarse en las aguas fue Ligia González. Solo entró al agua un momento, se mojó y salió de inmediato para regresar a la sombra.

Lo más trágico fue luego de concluir el seminario. A poco más de un mes del evento, la noticia más impactante fue la muerte o asesinato del Prof. Víctor Carlos García Moreno. El asesino entró a su casa, lo asesinó y se fue. Nunca se supo quién fue el asesino y las autoridades de la CDMX nada hicieron.

1999 Xalapa

El seminario fue dedicado a la memoria de Víctor Carlos García Moreno (1941-1998). Logró acompañarnos hasta el seminario 22. Asistió parte de su familia. La trágica muerte de Víctor fue muy difícil para mí. Mi mujer dice que era mi hermano, siempre estuvimos juntos en diverso lugares y eventos, Nos visitábamos en casa de uno y otro. Intercambiábamos los documentos de lo que íbamos a escribir. Estuvimos desde la secundaria hasta la profesional en la misma escuela. Fui el último de los académicos que lo vi con vida. Me tocó despedirlo un día antes.

Estando en Xalapa, una tarde, desaparecieron algunos de los ponentes y no los vimos hasta el día siguiente. Entre otros, desaparecieron Pedro Pablo Miralles y su señora. Ocurrió que Elisur Arteaga, que nos acompañaba, se los llevó al puerto de Veracruz, para que pudieran ir a bailar danzón en el centro de la ciudad. Así es Elisur, el más grande constitucionalista que haya tenido México, y con el que conservo una gran amistad.

2000 Colima

Lo más importante del evento fue que asistieron los directivos de la Conferencia de La Haya. Fue uno de los seminarios con mayor concurrencia.

Destaca la publicación de las ponencias presentadas hasta este momento en el seno de los seminarios de derecho internacional Privado.8

2001 CDMX

El seminario 25 se realizó en las instalaciones de la Escuela Libre de Derecho, ahí, en la Cd. de México. Lo espectacular fue la cena realizada en el Alcázar del Castillo de Chapultepec.

Fue una noche esplendorosa. Caminamos al lado del carruaje de Benito Juárez, así como el del emperador Maximiliano.

Finalmente, recibimos como recuerdo un muy bonito reloj, teniendo al centro un realzado indígena con números romanos alrededor.

2002 Tijuana

El seminario número 26 se celebró en Tijuana. Ahí tuvimos la oportunidad de realizar, parte del evento en la Universidad de San Diego, California. Salimos de México para efectuar el evento.

La universidad Iberoamericana, campus Tijuana, fue la anfitriona. Víctor Herrero fue el organizador. El seminario estuvo dedicado a la memoria del Prof. Friedrich K. Juenger (1930-2001, evento al que asistió su viuda. Juenger nos acompañó hasta el seminario 12. Lo recuerdo con afecto. Con cierta periodicidad me enviaba a casa diversos documentos sobre la disciplina, incluso el texto del curso que impartió en la Conferencia de La Haya.

Estrenamos campus universitario, que, por cierto, no estaba terminado. El salón que ocupamos, en la parte alta de un cerro, donde se alcanzaba vez alta mar y la puesta del sol (si es que no había nubes). Al salón aun le faltaban algunas paredes y el sonido estuvo malísimo.

Fuimos invitados a comer en sus instalaciones y tener como invitados a varios profesores del lugar.

Visitamos el punto divisorio o fronterizo, tomándonos una fotografía en la boya. Igualmente, caminamos temprano por la fantástica Av. Revolución, aunque muy temprano, lugar, en el que estaba la jai a lai.

En el lado de San Diego, fuimos recibidos por Jorge A. Vargas, suscitándose una confrontación debido a que en el discurso de este profesor se hizo alusión a los profesores mexicanos, discurso que fue entendido como ofensivo. La profesora Pesqueira, de la UNISON, hizo frente a las palabras del profesor Vargas.

Al terminar, fuimos a Calafia, lugar en donde el vino corría entre los asistentes. La invitación fue de Pedro Domecq que no dejó de hacer publicidad y venta de sus vinos.

2003 Monterrey

Era yo el presidente de la Academia en 2003 y me tocó organizar el seminario número 27 en la Escuela Libre de Derecho de ese lugar. Hice previamente algunos viajes al lugar. La escuela se encontraba inicialmente en un edificio pequeño, pero se estaba construyendo otro para fechas posteriores. Los directivos me dijeron que se tendría listo para el momento del Seminario. En efecto, así ocurrió, aunque había detalles que aún se estaban terminando.

Se realizó un diplomado en derecho internacional durante el semestre en que se realizó el seminario, al que acudieron como profesores los miembros de la Academia. Tuvimos en el seminario y en el diplomado una gran cantidad de estudiantes.

Durante los preparativos del seminario les dije a los de la Escuela, entre otras cosas, que había que tener listo y a la mano, algún teléfono de algún médico por acaso fuese necesario. Tal vez se rieron de lo que dije. El caso es que, durante el seminario, ocurrió un problema con el Prof. José Luis Siqueiros, que tuvo un colapso y se desmayó en plena reunión.

El salón de las conferencias tuvo que evacuarse y proceder a llamar algún medio. Una ambulancia lo recogió.

Por la tarde, los directivos de la Escuela me dijeron: “tenía usted razón con lo del médico y no le hicimos caso”.

El Seminario estuvo dedicado a la memoria de la Prof. Laura Trigueros (1944-2010), que estuvo con nosotros hasta el seminario 32. Una gran amiga, compartimos diversas ideas y a la que des- gracianamente la ignoraron cuando fue candidata a ministra de la SCJN.

2004 Pachuca

El seminario se desarrolló en forma normal. El problema fue el frio congelante del lugar. Nadie llevaba consigo un sweater para cobijarse. De entre quienes contaban con uno, el que les sobraba fue compartido con otro. Uno de los sweaters lo utilice yo.

2005 Puebla

El día y hora programados, en 2005, temprano, estábamos listos para iniciar el seminario correspondiente.

Se acostumbraba, aunque no era necesario ni indispensable, que fuese el gobernador el que hiciese una declaratoria de inauguración. Algunas universidades acostumbran eso. En esa ocasión, el gobernador quiso estar frente al gran auditorio haciendo la inauguración.

El seminario debía iniciarse a las 9:30 de la mañana, según el programa, pero el gobernador no se presentaba. Gobernante, al fin y al cabo, seguramente pensaba “los súbditos deben de esperar”.

Teníamos varios invitados como ponentes extranjeros. Pasaban las 9:40 AM y nada, no llegaba el gobernador.

Leonel me envió un recado con otra persona, “comienza, la gente ya está desesperada”. En efecto, la gente se levantaba, caminaba de un lugar a otro, hablaba y estaba desesperada por qué no se iniciaba el evento.

Me fui al estrado, tomé el micrófono. Me habían dicho que no tardaría el gobernador. Hable unos 30 o cuarenta minutos acerca del Proyecto de Ley de DIPR que la AMEDIP preparaba. Pero el gobernador no llegaba.

Leonel me envió otro mensaje “alarga la plática”. Hice lo que pude, pero llegó el momento en que ya no hablaría más del proyecto. Les dije a los asistentes que el gobernador ya estaba en camino y que pronto llegaría.

Bajé del estrado, llegué a la butaqueria a sentarme, hablé con algunos de los ponentes que ahí esperaban. Luego, llegó un extraño al frente de la butaqueria que con ínfulas les dijo a los académicos lo siguiente:

~~ ¡Quítense de aquí, este lugar está reservado!

En todos los seminarios siempre hemos contado con las dos hileras del frente del auditorio. Ahí se han sentado siempre los académicos, pero en esta ocasión nos estaban corriendo.

~~ ¿A dónde ir?, las demás butacas estaban ocupadas. Ya no teníamos lugar. Todos, ante la voz imperial, fuimos dejando las dos hileras del frente y nos fuimos a los pasillos laterales. Ahí estuvimos de pie.

De pronto, una gran cantidad de personas comenzaron a entrar al auditorio. Muchos armados, con radios portátiles en la mano. Eran los “guaruras”. Comunicándose entre ellos y con mensajes de adentro hacia afuera. Se informaba “sin problemas, espacio, despejado”. Nos dimos cuenta que Mario Marín, el gobernador, ya estaba entrando.

~~ ¡El Cesar ha llegado!, con tono regular, dijo uno. Solo faltaban tambores y fanfarrias.

Entraron no sé cuántas gentes, que llenaron los pasillos, tal vez unas cincuenta o más. Era el séquito imperial del Sr. gobernador. Al frente iba el gobernador. Todos los que lo seguían le aplaudían y vitoreaban. Solo entre ellos privaba la algarabía. Eran seguidos por otro grupo de personas con cámaras y cuaderno de notas; parecían periodistas, algunas cámaras de grabar y de televisión le acompañaban. Nosotros solo mirábamos.

Llegó el gobernador hasta el frente, con aire de emperador, esperó un tiempo para que su séquito y guardaespaldas se pudieran acomodar.

En efecto, todos los magistrados del tribunal de justicia, varios diputados, y otros tantos encargados de alguna oficina del ejecutivo tomaron el lugar que normalmente les correspondía a los miembros de la Academia. Se acomodaron en el lugar que teníamos reservado para nosotros. Los guardaespaldas tomaron posición estratégica, como si pudiera producirse algún ataque.

El gobernador tomó la palabra y en unos cuantos minutos, tal vez cinco, declaró inaugurados los trabajos del seminario.

Bajó rápidamente del escenario, y a paso acelerado llegó hasta la calle. Fue seguido por tanta gente como ingresó y con estrépito, casi en tropel, así se desocuparon, en forma inmediata, las primeras hileras del teatro, dejándonos libres los espacios.

Nosotros pensamos que los del poder judicial se quedarían en nuestro seminario, pero ninguno aguardó. Todos, como corderitos, siguieron al gobernador.

Todos salieron y nos dejaron solos para proseguir con nuestro seminario. Ningún miembro del poder judicial se presentó en los días que siguieron durante el seminario.

Pocos días después ese gobernador se hizo tan popular que aún se le conoce como el “gober precioso”. Nunca, en ningún seminario, pensamos que podíamos haber sido tratados de esa forma, como ocurrió en ese evento.

Seguramente, lo más importante en ese seminario, fue que ahí se presentó el primero proyecto de lo que entonces llamamos Ley Modelo de Derecho Internacional Privado para México. Leonel y yo nos encargamos de hacer esa presentación.9

2006 CDMX, Secretaría de Relaciones Exteriores

El seminario 30 se realizó en el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Ahí se abrió el espacio para rendir un homenaje al Prof. Dr. Leonel Pereznieto Castro como la cabeza durante 30 años del Seminario. Asistieron a la reunión parte de la familia del festejado.

El lugar era ni más que deseado para un evento de este tipo, al que asistieron muchos juristas.

2007

En 2007 se eligió un nuevo presidente de la Academia. Se confió en Luis Duarte. Por desgracia, no realizó el trabajo que tenía que hacer. El tiempo para definir el lugar en que se realizaría el seminario se fue pasando, a pesar de que los miembros lo apuraban. El presidente no hizo nada. El tiempo para su actividad profesional no le permitió atender los asuntos de la Academia. Ese año no hubo seminario. Fue la grande desgracia más para los académicos. La confianza en torno al seminario y su actividad académica comenzó a venirse abajo.

Uno de esos días me encontraba en Monterrey y hablando sobre ese problema, James Graham, que aún no era miembro de número, hablando de la Academia y los seminarios, me dijo: “eso ya no sirve, ya se acabó, no hay salida”. Poco tiempo después, cuando la Academia recobró su vigor, James ingresó como académico de número y le recordé lo que me había dicho.

Luis, el presidente fue despojado del cargo que tenía. Desde entonces nunca se volvió a parar por la Academia y a sus seminarios, aunque en su curriculum continúa anunciándose como miembro de la Academia.

2009 Tijuana

El seminario fue dedicado a la jurista venezolana Tatiana B de Maekelt que nos había acompañado en otros seminarios y que había fallecido

2010 Colima

El evento en la Universidad de Colima culminó con un festejo de las autoridades del lugar, presi- dente municipal y regidores de todos los partidos políticos. Los miembros de la Academia fuimos declarados “huéspedes distinguidos”. Se celebró el momento con una cena, discursos e himno nacional por parte de las fuerzas armadas.

El seminario estuvo dedicado a la Profesora María Elena Mansilla (1935-2020).

2012 CDMX, Escuela Libre de Derecho

Evento con demasiada importancia y mucha tristeza, Nos faltaba la profesora Laura Trigueros, que había fallecido. Estábamos en su territorio.

2011 Puebla

El seminario estuvo dedicado al Prof. Symeon C. Symeonides. Sirvió el evento para tratar de quitarnos el agrio sabor de boca que tuvimos en el mismo lugar en 2005.

2013 Guadalajara

Regresamos a Guadalajara, a pesar de problema habido con anterioridad. Ahora fuimos mejor tratados. El evento culminó, en nuestro regreso a la CDMX en el pueblo de Tequila, donde las autoridades del lugar don dieron una cordial recepción. Anos mostraron las instalaciones de la empresa Cuervo y estuvimos por ahí, alrededor de unas dos horas.

Evento sobresaliente: la conferencia de Hans Van Loon, secretario de la Conferencia de La Haya.

2014 Monterrey

La AMEDIP, antes de aprobar a un académico de número exige que este pronuncie alguna charla sobre el tema (el discurso de recepción). Luego de la charla un miembro de la AMEDIP debe de contestar a la charla del solicitante.

En 2014 un académico supernumerario, aunque lejano, pidió ser ascendido a académico de número. Ocurrió que este solicitante fue a pedirle a uno de número que le contestase a su discurso. Le entregó su proyecto de discurso, pero el de número, que había sido invitado, no pudo asistir al seminario en que se pronunciaría el discurso excepcional.

 

Un día antes de la fecha, se le pidió a uno de los de número que diese respuesta; yo fui el elegido. Se me entregó el documento y por la noche, luego de celebradas algunas mesas, estudié el documento encontrando que lo escrito había sido un trabajo previamente publicado y que no se relacionaba con el DIPR.

Llegó el momento de presentación del discurso programado. El solicitante leyó su discurso y cuando contesté dejé en claro que lo presentado era un trabajo previamente publicado y que no se relacionaba con el DIPR, ni con el derecho comparado. Dichas estas palabras y mirando al solicitante, este asintió con la cabeza.

Eso provocó un problema, ya que no hubo posibilidad de resolver si ingresaba o no a la AMEDIP.

Se le informó al solicitante y este prometió que presentaría otro trabajo. Lo presentó, pero la calidad del nuevo que presentó fue sometido a un dictamen por medio de una comisión ad hoc. Se resolvió que no era apropiada y aquel solicitante quedó fuera.

Lo lastimoso fue que durante la lectura de su discurso invitó a su familia, que esperaba ver a su pariente dentro de la AMEDIP. Hizo publicaciones sobre aquello y el hecho fue que no pudo ingresar.

2015 CDMX

Se realizó en el Colegio Nacional de Magistrados de Circuito y Jueces de Distrito del Poder Judicial de la Federación. Primera ocasión en que es anfitrión el poder judicial, aunque no asistió ninguno de sus miembros.

2017 San Luis Potosí

Tras el evento académico fue acompañado con un reconocimiento a varios de los académicos. En el regreso a la CDMX, a bordo de un autobús nos detuvimos en el pueblo de Santa María. Lugar reconocido por los rebozos que ahí se fabrican. Ahí estuvimos alrededor de una hora. Hasta una canción popular recuerda aquellos versos de “rebozo, de Santa María, mestiza que baila llena de alborozo entre los encantos mil de mi vaquería…” De aquí que conviene regresar al lugar de salida a bordo del autobús en compañía de todos los académicos. Fue divertido el viaje.

 

2018 Querétaro

Después de muchos años regresamos a Querétaro. Nos trasladamos, como en eventos anteriores, en el autobús contratado especialmente para nuestro traslado. Nuestro viaje lo iniciamos desde las instalaciones de la Escuela Libre de Derecho en la CDMX. No marchamos a la hora programada, sino casi dos horas después. En esa ocasión, nos recogió un autobús que había sido enviado desde Querétaro.

Íbamos a iniciar temprano nuestras sesiones, pero ocurrió que, a mitad de camino, el autobús que nos transportaba sufrió un problema, pues un neumático se averió. Tuvimos que quedarnos algunas dos horas o tal vez más, esperando sobre el camino, pues el autobús carecía de refacción de repuesto. Hicimos rápidamente un cambio de ropa en el hotel, para lo que solo tuvimos unos 15 minutos. Afortunadamente Elí Rodríguez, que estaba encargado del evento y ya se encontraba en Querétaro, dio inicio a unas charlas previas. Llegamos tarde al evento. Finalmente, las sesiones quedaron bien organizadas. Nos correspondió un auditorio con enormes murales a los lados. Organizó la entonces directora de la Escuela.

2019 Toluca

 

La reunión se realizó en las instalaciones de la Escuela Judicial del Estado de México. El evento fue dedicado a mi persona, algo que agradezco a todos los académicos. Hubo presentación de libros y regalos, de estos, a los asistentes.

2020

El evento académico del 2020 ya se acerca, no tenemos lugar para desarrollarlo. Será muy triste por varias razones: i) se nos han ido tres de los académicos: José Luis Siqueiros, Rodolfo Cruz Miramontes y Ma. Elena Mansilla (los dos primeros, mis paisanos); ii) El gobierno de la república, desde 2019, ha restringido el dinero a las universidades, CONACYT ha sido politizada y, para colmo, una pandemia azota en este momento con miles de muertos por todos lados. El seminario, al parecer, se realizará por medio de video, en el que cada ponente disertará desde su casa u oficina. Escuelas y universidades están cerradas. Incluso, ninguna quiso comprometerse.

CDMX, mayo de 2020.